sábado, 11 de septiembre de 2010

Y dos hijos rubios de ojos azules.

En términos generales estaba contento. No era feliz, pero no le faltaba de nada. Tenía una esposa guapa e inteligente, un puesto de trabajo respetable, y dos hijos -macho y hembra- rubios con los ojos azules. Vivía en un chalé de una urbanización de 16 viviendas situada en el extrarradio de la ciudad. Conducía un Mercedes gris plata. Vestía náuticos, pantalones Levi's y polos Lacoste. Tenía polos de muchos colores, aunque prefería los más juveniles: rosa palo y verde pistacho.


Dos veces por semana quedaba con sus amigos para tomar unas cañas y hablar de fútbol, coches y política. Una vez a la semana iba a jugar al pádel con su mujer, la hermana de su mujer y el esposo de la hermana de su mujer. Los domingos por la tarde iba con su mujer y con sus dos hijos rubios de ojos azules al centro comercial. Una vez al mes, llevaba a su hijo, rubio de ojos azules, a ver un partido de fútbol, mientras su hija, rubia de ojos azules, y su esposa cocinaban algo juntas.

Practicaba sexo con su mujer tres veces por semana. Martes, jueves y sábado, siempre que el sábado no coincidiese con uno de los partidos de fútbol a los cuales iba con su hijo rubio de ojos azules. Se masturbaba una vez al día, alternando un día en el trabajo, otro día en casa. Esporádicamente tenía sexo en la oficina con su secretaria. Estos encuentros le resultaban sensiblemente más excitantes que los coitos que realizaba martes, jueves y sábados con su mujer.

En primavera se iba un fin de semana con sus amigos de caza. En verano pasaba dos semanas con su esposa y sus dos hijos rubios de ojos azules en algún lugar con playa. En navidad, cenaban en Nochebuena en casa sus padres y comían el día 25 en casa de los padres de su esposa. Esto ocurría los años pares; los años impares procedían a la inversa. Algunos días de finales de verano o principios de otoño, si la meteorología acompañaba, improvisaba una barbacoa en el jardín para su esposa, sus hijos rubios de ojos azules y los 3 habitantes del chalé contiguo; una pareja y su hija -morena de ojos negros-.

Un miércoles, volvió a su casa después del trabajo, saludó a su mujer con un beso casi inexistente, a sus hijos rubios de ojos azules con sendas caricias en la cabeza y entró al trastero. Salió 2 minutos más tarde con su escopeta de caza.




En el tocadiscos:

4 comentarios :

  1. Después dicen que las mujeres siempre queremos más. Los hombres prefieren no tener nada, por lo visto.

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  2. A veces tener determinadas cosas es peor que no tener nada.

    Yo si tuviera dos niños rubios de ojos azules estaría realmente asqueado con la situación.

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