miércoles, 23 de febrero de 2011

Perdí.

No leo, ni paseo, ni pienso. Eso quedó atrás, como aquel cinismo del que a veces hablo. Mantengo correspondencia, eso sí, con otros pusilánimes ávidos de mentiras cuidadas. Y por las noches dejo la persiana sin cerrar, con la vana esperanza de que alguien me arranque de esta tierra estéril. Con cuidado de no romperme los pies.

Respiro, como, duermo. Los hechos se suceden sin pena ni gloria. Machacones, percutores, repetitivos, iterativos, monótonos, anodinos, insustanciales, inanes, futiles. Por lo menos llueve.

Y tuve y no aposté y perdí. El tren pasó y sólo me di cuenta cuando los tímpanos me reventaron por un vengativo efecto Doppler. Ya sólo oigo a Perlman, a Malikian, a Bell, a Venguerov... Sólo llantos.




En el tocadiscos:

Ave María - Joshua Bell

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