sábado, 3 de diciembre de 2011

La mujer que entró en un bar.

Estaba acodado en el rincón de la barra de siempre cuando ella apareció. Acababa de pedir la última cerveza que podía pagar con los veinte euros que llevaba encima, pero no llegué a darle ni un sorbo. En aquel bar donde siempre estábamos los mismos y el camarero era lo suficientemente antipático como para que pagáramos lo que bebíamos, no se solía ver a una morena cuarentona con falda por encima de la rodilla, carmín y pestañas bañadas en rímel. No se solía ver a una mujer así que saltase a la vista que no era puta. Por eso, cuando entró, todas las miradas desembocaron en sus tacones y en su pinta de buscar algo fácil para esa noche.

Abandoné mi cerveza y me acerqué a ella con una erección imposible de disimular. La competencia en aquel tugurio era nula, teniendo en cuenta que sólo el camarero y yo éramos capaces de articular palabra. Sin mediar saludo le dije que ella no era de por allí. Que a quién o qué buscaba. Me agarró la entrepierna mientras pedía un Seagram's con tónica. Después acercó su boca a mi oreja y me susurró que había venido a follarme. Olía a una mezcla entre perfume caro y tabaco. Irremediablemente se me dibujó una sonrisa tonta en la cara; gesto que se esfumó cuando vi cómo introducía lentamente la mano libre en su bolso para sacar una micro-uzi.







En el tocadiscos:
Muse - Hysteria

1 comentario :

  1. Seagram's con tónica. Una auténtica femme fatale. Mola.

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