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jueves, 24 de mayo de 2018

Aquella vida.

Nuestra vida duraba lo que la luz del día; después
desde la ladera verde como un grito
ladraban los perros en la noche
hasta perder la voz ahogados por la niebla del alba.

Teníamos hortensias ebrias de hierro y ceniza
para que envejecieran azules,
una manguera cual serpiente
enamorada de una rueda,
fruta dos estaciones al año, humedad
hasta en los tuétanos y de sangre
el corazón y las rodillas.

Hoy he sabido que las lagartijas
se han acostumbrado a los humanos. Nosotros
éramos desalmados bárbaros
cazadores neolíticos sin moral ni condición,
artilleros disparando flechas de madera,
terroristas con barro en los bolsillos y en las uñas.

Hoy sé que nuestra vida ya es otra, pero
algunos paisajes y algunas guerras
no se olvidan nunca.




En el tocadiscos:
Morente & Lagartija Nick  -  Omega

lunes, 17 de agosto de 2015

Fábula de final de verano.

Hoy retorno extraño
de un glacial verano
que me derribó.
Vengo a contar recuerdos inventados y no,
viajes hechos de quiebros, carnavales de mar,
desnudos presentes,
luna, ruido y sueño;
animales domésticos que cada estación
vuelven para suicidarse en el mismo lugar.
Si regreso tarde
mas de cuerpo entero
no es sensato culpar al oleaje paciente
sino a la inevitable fatiga de mi riesgo.
Si debo escoger
Alicia o Caperucita
me quedo con la segunda
porque algunas noches tengo
un hambre feroz.




En el tocadiscos:
Dave Brubeck & Paul Desmond  -  Alice in Wonderland

jueves, 18 de junio de 2015

Notas en el cuaderno.

Si la distancia es el olvido yo hace mucho que no te recuerdo
si los martes son días tristes
si los cuervos vuelan en círculos (todavía).

Está escrito en mi cuaderno que se templarán las aguas del lago
caminaremos por la orilla
mojaremos los pies, las manos, soplará el viento
no diremos nada y nada haremos
(porque no es fácil ser el eje de la especie humana
y significar la máxima expresión de la propia decadencia)
trascenderemos el regusto banal de los hombres
nos sabremos indestructibles.

Se habla de nosotros como sonidos en un disco de oro
viajando en busca de alguna estrella (cercana)
sólidos faltos de utilidad girando en el espacio
sin más razón de ser que la esperanza de llegar.

En la siguiente página se afirma que somos Dioses
no estamos (ya) junto al lago, ni en la tierra, ni en el universo siquiera
hay allá (probablemente) el eco de nuestra voz en un gramófono
o una estatua con la mirada fija en el horizonte
como el gesto del vencedor, sin miedos, sin prisas.

La distancia es el olvido y por eso queda este cuaderno
en el que todo es para siempre
y la verdad es menos importante que un verso
quedan estas hojas en las que estamos volando
mecidos por el mismo aire que peinó a la Provicencia
y latimos como ritmos antiguos (nuestros pechos sincopados)
que jamás estuvieron tan lejos y nunca sonaron tan fuerte.




En el tocadiscos:
Louis Armstrong  -  Melancholy Blues

martes, 18 de noviembre de 2014

Las plantas de los pies.

Si no traba soporte mi esqueleto
a dos mil kilómetros de esta ruina
claudicará mi swing –canela fina
a costa de un acento de paleto.

Cuando el tiempo se dobla en cada esquina
y no hay veneno que echarse al coleto
hago de la paciencia mi amuleto
hasta matar de tedio a la rutina.

Y de tarde el clamor de los cobardes
y de noche las plantas de los pies
y mañana ya veremos si llueve...

Que de a poco olvido nuevos alardes
con izquierda y derecha del revés
y Bechet al soprano, como debe.




En el tocadiscos:
Sidney Bechet  -  Blues in Thirds

sábado, 7 de julio de 2012

Dos edredones y un perchero para tres abrigos.

Hay un perchero para tres abrigos
en una habitación con dos camas
dos sillas
una mesa
un armario
una lámpara
y una ventana que mira al cielo.

Se oye música tecno a lo lejos
y casi se intuyen
los saltos y los gritos de mujeres y hombres
que sostienen cervezas espumosas
y tambaleantes
cuyas mejillas van volviéndose
de color rojo violáceo
y cuyas sonrisas van ensanchándose
más allá de las orejas.

Hay una televisión también
-perdón por olvidarlo-
con un punto rojo luminoso
como la mira de una escopeta que apunta
directamente
a mi frente
atraviesa mi cráneo
y hace recordar entre mis maltrechos sesos
un poema casi perdido
que escribió un noséquién:


Detrás de la puerta verde
que esconde secretos viejos
hay un ederedón caliente
para las noches de invierno.

Lo encontré en una ciudad
alegre para los locos
bella aunque no tenga mar
y atroz si la vives solo.

Si algún día tienes frío
pero sólo en ese caso
recuerda lo que te digo
y cógelo sin reparo.


Hay además
dos edredones
que no uso.




En el tocadiscos:
Elliott Smith  -  Needle in the Hay